En Poio el ambiente de ría deja huella en las persianas: guías con óxido y arena que frenan el paño, ejes corroídos, lamas de aluminio con el lacado levantado y recogedores que se agarrotan tras meses sin uso en viviendas de temporada. Cuando una persiana de segunda residencia no sube después del invierno, suele haber suciedad y humedad acumuladas. Abrimos el cajón, limpiamos y ajustamos, y cambiamos las piezas dañadas. Para ventanales grandes que dan a la ría revisamos también topes y lama final.
Una persiana que falla casi nunca lo hace de repente. Antes de que la cinta se rompa suele haber semanas de tirones más duros, un recogedor que ya no la enrolla del todo o un paño que baja torcido. Cuando por fin se queda atascada, lo habitual es que haya más de una pieza afectada, y por eso no nos limitamos a cambiar lo que se ve desde fuera.
Lo primero que hacemos es abrir el registro del cajón. Desde ahí comprobamos el eje y sus soportes, cómo está sujeto el paño con los tirantes o flejes, el estado de la polea y de la cinta, y si las lamas entran bien en las guías. Con eso delante te explicamos la avería, qué conviene cambiar y qué puede esperar, y te damos el presupuesto cerrado por escrito.