En los pisos del centro de Caldas de Reis las persianas acumulan décadas de uso: lamas descolgadas, topes perdidos y ejes que giran con esfuerzo por la humedad del Umia. A menudo la persiana no ha llegado a romperse del todo, simplemente cuesta cada vez más, hasta que un día la cinta se parte. Abrimos el registro, cambiamos las piezas que están frenando el paño y dejamos la persiana ajustada. En edificios antiguos cuidamos de no tocar la fachada exterior, trabajando siempre que se puede desde dentro.
Una persiana que falla casi nunca lo hace de repente. Antes de que la cinta se rompa suele haber semanas de tirones más duros, un recogedor que ya no la enrolla del todo o un paño que baja torcido. Cuando por fin se queda atascada, lo habitual es que haya más de una pieza afectada, y por eso no nos limitamos a cambiar lo que se ve desde fuera.
Lo primero que hacemos es abrir el registro del cajón. Desde ahí comprobamos el eje y sus soportes, cómo está sujeto el paño con los tirantes o flejes, el estado de la polea y de la cinta, y si las lamas entran bien en las guías. Con eso delante te explicamos la avería, qué conviene cambiar y qué puede esperar, y te damos el presupuesto cerrado por escrito.