Muchas ventanas de Santiago tienen el marco en buen estado y el cristal de hace décadas. Sustituir un vidrio sencillo por un doble acristalamiento con cámara, o un doble antiguo por uno bajo emisivo, mejora mucho el confort sin cambiar la carpintería, siempre que el marco admita el grosor. En las galerías de madera de la Zona Vella el reto es encajar un vidrio aislante en perfiles estrechos, y a veces conviene un laminado fino en lugar de una cámara ancha. En pisos a pie de calle del Ensanche o de Santa Marta el laminado de seguridad es una petición frecuente, y en las calles con más tráfico, el laminado acústico. Medimos el hueco y te explicamos qué cabe realmente.
Buena parte de la superficie de una ventana es vidrio, y por ahí se escapa casi todo el calor en invierno y entra el sol en verano. Muchas viviendas de la zona conservan todavía cristales sencillos o dobles acristalamientos antiguos con una cámara estrecha. Cambiarlos por una unidad actual mejora el confort de forma notable, y se hace sin obra y sin sustituir la carpintería.
Un acristalamiento moderno se diseña combinando varias piezas: dos o tres lunas, una cámara entre ellas con perfil separador y tamiz molecular que absorbe la humedad, capas bajo emisivas que frenan la pérdida de calor, láminas de control solar y vidrios laminados que añaden seguridad o reducen el ruido. Elegir bien esa combinación es lo que marca la diferencia, y por eso empezamos preguntando qué te molesta en cada habitación.