Las persianas que dan al Ulla en Pontecesures sufren más que las del interior: el aire húmedo y ligeramente salino corroe antes los soportes, los topes y el propio eje, y las guías de aluminio antiguo se llenan de suciedad que frena el paño. Lo típico es una persiana que baja torcida o que se queda a medio camino. En la visita abrimos el registro, revisamos eje, rodamientos y guías y te decimos qué hay que cambiar. En pisos del casco urbano, casi siempre se puede reparar desde dentro sin necesidad de andamio ni de tocar la fachada común.
Una persiana que falla casi nunca lo hace de repente. Antes de que la cinta se rompa suele haber semanas de tirones más duros, un recogedor que ya no la enrolla del todo o un paño que baja torcido. Cuando por fin se queda atascada, lo habitual es que haya más de una pieza afectada, y por eso no nos limitamos a cambiar lo que se ve desde fuera.
Lo primero que hacemos es abrir el registro del cajón. Desde ahí comprobamos el eje y sus soportes, cómo está sujeto el paño con los tirantes o flejes, el estado de la polea y de la cinta, y si las lamas entran bien en las guías. Con eso delante te explicamos la avería, qué conviene cambiar y qué puede esperar, y te damos el presupuesto cerrado por escrito.